Christian Rivet
Christian Rivet
24 Ways Upon the Bells
Meilleur disque de l’année 2010
Ce qui pourrait paraître de prime abord un défilement d'illustrations sonores des instruments à cordes (luths et guitares diverses) du Musée de la musique, à Paris, se révèle être un vrai programme organiquement pensé. Christian Rivet joue avec subtilité et poésie un répertoire qui va de Dowland aux Beatles (le premier sur un luth de 1655, le second sur une guitare électrique Gibson de 1955). Sa tendre mélancolie, la subtilité de son toucher et de son phrasé dans la musique de Dowland et le Nocturnal de Britten (en hommage au précédent), son imagination presque folk dans les pièces du recueil de John Playford et son jeu 'luthé' dans Yesterday des Beatles font merveille. Une merveille, de surcroît magnifiquement enregistrée, qui ne nous prive ni d'une belle respiration acoustique ni d'une délicate et si sensuelle palette de chuintements (de l'incisif, au luth, au feutré, à la guitare classique) du doigt sur la corde.
1 CD Musée de la musique/Naïve.
samedi 10 avril 2010, Renaud Machart
RESEÑA (DIVERDI) Y PRENSA
Hace más de un lustro que en estas mismas páginas –que fueron hoja parroquial de ilustres amigos, boletín, boleto (por grande y cheli), y son hoy una revista en toda regla– presentamos una sorprendente producción del sello Zigzag (ZZT 040502). En ella, el intérprete francés Christian Rivet debutaba en el universo discográfico grabando, por primera vez después de su première por Rafael Andía, la fantástica Tombeau de Robert de Visée para guitarra de André Jolivet (1905-1974), al lado de las composiciones del propio guitarrista barroco interpretadas en un instrumento “de época”. Nos admiró entonces la versatilidad del instrumentista, tan capaz de tocar instrumentos históricos como modernos, nos sedujo su bizarría e inteligencia a la hora de pergeñar un programa cuyos contrastes se retroalimentaban y creaban un impresionante contraluz, y nos encantó la interpretación –discreta e íntima, como susurrada– que dio a ese repertorio. Cinco años ha tardado en reaparecer y lo ha hecho a lo grande, con una de las producciones discográficas guitarrísticas más admirables de los últimos tiempos que tenemos el verdadero placer de introducir aquí y recomendar efusivamente a los más sensibles lectores de estas líneas. Las implicaciones del reto que asumió en su primera producción y la excelencia del resultado lo hacían difícilmente superable; pero no para el talento y las capacidades de Rivet quien, en su segundo disco (ahora con el sello Ambroisie en colaboración con la Cité de la Musique de París) nos ofrece una extraordinaria interpretación del Nocturnal after John Dowland compuesto para guitarra por Benjamin Britten en 1963 –a diferencia de la Tombeau de Jolivet, y sólo cuatro años anterior a ella, una de las obras más tocadas del repertorio– antológica desde todo punto de vista. Primero por el contexto en el que la integra, entre la música histórica de Dowland a la que miró Britten y expresiones de un postmodernismo elegante y grande que culminan con sendas lecturas de música de los Beatles. De esta manera el Nocturnal de Britten –y dos felicísimas ideas de Paul McCartney y George Harrison– se nos revelan desde la música de Dowland, de la misma manera que la obra maestra de Britten desvela finalmente el Come Heavy Sleep del laúdista inglés. En segundo lugar, por los propios valores interpretativos de Rivet que presenta esta música monumental sin la rabia postbélica y existencial de un Julian Bream, interpretando las oscuridades del alma desde el sosiego y la paz de un mundo, más o menos, tranquilo, recreándose en todo lo que tienen de hermoso. Como si la penumbra dejase entrever una belleza estable y mística. Si estos dos valores anteriores –el repertorio y su interpretación– están en el reino de las ideas, el tercero pertenece al dominio de la materia –el hedonismo del propio sonido– porque Rivet interpreta todo su programa con instrumentos sobresalientes del Musée de la Musique de París: el Nocturnal con una guitarra de Francisco Simplicio firmada en Barcelona en 1931; Dowland con el archilaúd barroco de Chrisoph Koch (Venecia, 1654); la lectura de Yesterday, basada en el arreglo de Toru Takemitsu, con una guitarra eléctrica –pieza ya del ámbito museístico, por antigüa y escogida– Gibson de 1956; la bellísima canción de Britten I Will Give My Love an Apple, con el dúo de guitarras que Robert Bouchet hizo en París en 1958 y 1959 para el dúo Presti-Lagoya; y una amalgama que jalona el disco con lecturas de músicas recogidas por el librero y editor inglés John Playford (1623-1686), autor de The English Dancing Master, recreadas por Rivet bajo el título común de After John Playford, con una guitarra de cinco órdenes salida del taller de Jean-Nicolas Lambert hacia el último cuarto del siglo XVIII.
El nocturno luctuoso francés del primer disco de Rivet –De Visée-Jolivet–, se ha trocado en un puro nocturno inglés –Dowland-Britten– jalonado con cosas de Playford-Rivet, con el colofón de los Beatles y una esperanzadora ventana de luz: Here Comes the Sun. Tal vez, el próximo viaje de Rivet le traiga al Sur: España, Italia… Esperemos. Mientras no se despisten ni con el título, ni con la apariencia de este disco que probablemente se perderá al principio en la jungla de los mercados discográficos; todo lo que les pueda decir es poco: tienen a su alcance una cuidadísima delicia para los sentidos y para la inteligencia que, a la hora de rendir cuentas, será una joya en la historia del disco.
Javier Suárez-Pajares
10/02/2010
A beautiful, eclectic collection played exquisitely !
Christian Rivet studied guitar and lute at the Conservatoire National Regional in Metz. He was particularly influenced by lutenist Hopkinson Smith who taught Rivet how to select repertory that crosses styles while still being very respectful of a diverse range of periods and mindsets.
He has later earned a reputation performing modern works by composers such as Pierre Boulez, Peter Eotvos, and Pascal Dusapin. Rivet has taught classes in guitar and chamber music at the Conservatoire of the 8th arrondissement of Paris since 1989.
His new CD is a complete delight to listen to! It certainly establishes Rivet as a master of his instruments and as a performer with a keen sense of programming; eclectic, thought provoking and attractive. I have long been familiar with the music of John Dowland’s lute music. His works, while written for courtly entertainment in Elizabethan England, retain their beauty and their emotional range. The selections that Rivet has chosen carry the same playfulness at times; sadness, melancholy and reflective at others. Rivet’s playing tone and delicacy is consistently clear, tangible and emotive.
Entering this disc, I was not familiar with Benjamin Britten’s “Nocturnal after Dowland” but found these pieces to be equally attractive to listen too. Many of the harmonic progressions and shifts in mood (and mode...) that characterize Britten are there but these pieces are also so reflective of the Dowland from which he drew inspiration. I felt the same about the selections by John Playford, another English courtier who post dates Dowland by about half his lifetime. The influence of Dowland upon Playford is clear here, too, and these pieces are also performed with a sensitivity and playfulness that it is easy to listen to and to admire!
This wonderful recital concludes with the unlikely choice of two Beatles songs, arranged by River for guitar (in this case, a Gibson electric!) and arch lute; “Yesterday” by John Lennon and “Here Comes the Sun” by George Harrison. [Not so unlikely; lots of classical performers and composers have worked with classic Beatles tunes: Leo Brouwer, Peter Breiner, Aki Takahashi, The 12 Cellists of the Berlin Philharmonic, the various Baroque Beatles albums, etc...Ed.] Listening to those two exact pieces in the context of the Dowland, however, shows the connections that cannot be made just by assumption. “Yesterday” is full of the chord progressions and plaintive tone found in many of Dowland’s best known works – particularly the “Lachrimae”. “Here Comes the Sun” is, of course, more upbeat in tone but the pacing, cadence and harmonies here too are so reminiscent of some of the other Dowland and Playford offerings.
The booklet and photography in the Naïve release are also very informative and interesting; chock full of detail about why Rivet chose this program and also about his very impressive instrument collection. Any guitarist would be envious of these marvelous instruments and of Christian Rivet’s playing. This disc is strongly recommended for any listener. A serious guitarist or a devotee of Renaissance court music or anyone wanting some beautiful but non-intrusive dinner music would love this!
Daniel Coombs, Audiophile Audition
Published on September 2010

